viernes, 10 de abril de 2015

UN ARTÍCULO ELOCUENTE DE NUESTRO AMIGO HERNANDEZ LES RESIDENTE EN CÁRTAMA

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Gerardo Hernandez Les.

 Médico y Político nacional,   cuenta con un brillante historial profesional en las duales actividades de su vida. En política,  ha ocupado siempre cargos de responsabilidad a escala nacional, hasta que por las razones que magistralmente explica en este artículo  de Opinión publicado en el Diario El Mundo dejó la política activa.

La lectura de este trabajo nos trae a la vista de forma objetiva una panorámica de nuestro ruedo político que tanto nos duele hoy a los españoles con sentido de unidad nacional.


Gerardo Hernandez Les, generoso amigo de sus amigos, vive actualmente en Cártama (en  donde, retirado del mundanal ruido,  ha escrito tan trascendente artículo) que hoy publica el Mundo y que aquí se transcribe para  recreo intelectual  de quienes en política le interesa las cosas serias. 


EL MUNDO

TRIBUNA


¿ESTAMOS ANTE EL FINAL DE UPyD?
Gerardo Hernández Les




No es posible todavía contestar a la pregunta que encabeza este artículo, pero sí discurrir sobre las causas que hacen pertinente que esta pregunta se la haga mucha gente cuando los acontecimientos se precipitan sin pausa. En estos días acaban de ser suspendidos cautelarmente de militancia (lo que equivale a una expulsión de facto) Fernando Maura y Enrique Calvet, eurodiputados del partido. Hay que haber conocido la génesis de UPyD para poder imaginar el estado de ánimo de sus dirigentes ante la crisis de confianza en la que están inmersos y, principalmente, el que tiene que estar sufriendo su líder, Rosa Díez, a poco que se la conozca. Decisiones como la que nos estamos refiriendo están dentro del guión que queremos exponer.
De tener el convencimiento de haber creado un partido para ser la alternativa al bipartidismo y postularse como paladines de la renovación democrática que España necesita, asisten impotentes -después de ocho años de existencia- al despegue electoral de dos partidos, uno en las antípodas de su pensamiento, y el otro su verdadero alter ego en el imaginario de la gente, cuyo éxito sólo puede augurar el fracaso propio. Hablamos de Ciudadanos, formación a la que tratan de endosar diferencias imposibles de entender para los potenciales votantes de ambos partidos, con los resultados de todos conocidos.
Todos somos políticamente responsables de nuestros actos y, como no puede ser menos, es difícil rehuir sus consecuencias. Era inconcebible pensar que los gestos y acciones de carácter despótico ejercidos en el seno de UPyD contra quienes dentro del partido tuvieron el valor de ser discrepantes ante lo que no podían estar de acuerdo, iban a suceder sin trascendencia alguna. Han tenido que transcurrir varios años para que se vieran los signos de aluminosis pero, al final, el edificio no ha podido resistir. Sólo alguien con un egocentrismo 'hors catégorie' podía creerse que en pleno siglo XXI podía dirigirse un partido con los procedimientos propios de los partidos leninistas y que nadie se enterara Y esto en un partido que salta al ruedo político para regenerar una democracia que el estilo partitocrático de las formaciones políticas que gobernaron desde la época de la Transición habían arruinado.
Díez amenazó a los consejeros que si la propuesta que apoyábamos los partidarios de las listas abiertas era aprobada ella no seguiría en el partido
Es necesario conocer la intrahistoria de este proceso. Algunos de los que estuvimos en los primeros momentos de la formación de Plataforma Pro (embrión y lanzadera de UPyD) no podíamos sospechar que estábamos colaborando en un proyecto que, en realidad, era un diseño de pura ingeniería social, que unos pocos habían maquinado con unos mimbres muy viejos, y ya averiados, pero mostrado en un envoltorio (el Manifiesto Fundacional) muy atractivo. También pensábamos que el nuevo partido que íbamos a construir era un intento superador de los vicios partidistas que habían cristalizado en España, y que algunos ya habíamos conocido en otras experiencias pasadas. Lo que ocurrió es que quienes realmente controlaban el partido provenían también de esas mismas experiencias y, en lugar de haber hecho un ajuste de cuentas con su pasado, lo que pretendían era reproducirlo tal cual, aunque utilizando un discurso nuevo muy cercano a lo que la gente estaba necesitando escuchar.
Enseguida se empezó a ver que UPyD no iba a ser nunca un partido de nuevo tipo, sino una formación cesarista organizada con las mismas estructuras de los viejos partidos de la izquierda, donde la discusión abierta y la discrepancia inevitable en los temas de profundo calado no era posible sin atenerse a las consecuencias. Esto es lo que sucedió cuando nos enfrentamos ante el hecho de tener que elegir determinados cargos orgánicos donde la voluntad de la dirección del partido se trataba de imponer siempre sobre la lógica democrática. Y no digamos cuando en un Consejo Político se tuvo que discutir si el Consejo de Dirección (máximo órgano ejecutivo del partido) sería elegido con el criterio de listas abiertas o cerradas, algo así como el ser o no ser de la joven formación. Díez amenazó a los consejeros que si la propuesta que apoyábamos los partidarios de las listas abiertas era aprobada ella no seguiría en el partido. Naturalmente, su órdago a favor de las listas cerradas fue mayoritario. Las consecuencias de aquel debate no fueron baladíes: con un pretexto falaz (pero derivado del acontecimiento referido), 14 dirigentes del partido (en mi caso, además, miembro a la sazón del Consejo de Dirección) fuimos suspendidos de militancia y se nos indicó la puerta de salida.
Todo esto sucedía a los dos años de la fundación de UPyD. Era una crisis muy grave -no era la primera- y, desde entonces, los conflictos y los abandonos de afiliados, tanto en las estructuras regionales como locales, no han parado, y todos tienen que ver con la intolerancia de los comportamientos de vocación oligárquica del núcleo duro que manda en el partido. Pero hasta que surge el 'affaire' Sosa Wagner, y la abrupta reacción que provocó su artículo -que dio a conocer este periódico- entre los miembros del Consejo de Dirección y del Consejo Político, la crisis de UPyD no toma carta de naturaleza en los medios, y lo hace de una forma tan explosiva que parece casi imparable. El profesor Sosa hace públicos dos hechos indiscutibles: el autoritarismo ya indisimulable de Rosa Díez, y la responsabilidad en primera persona de ella misma en el fracaso del pacto con Ciudadanos, que muchos sectores constitucionalistas y alternativos del tándem PP-PSOE reclamaban como la mejor salida posible a un bipartidismo agotado.
Ante estos hechos, las buenas iniciativas parlamentarias, las denuncias contra la corrupción o las querellas de Bankia pierden valor a los ojos de los ciudadanos. Desde entonces, la líder y su partido han iniciado su particular descenso a los infiernos de la política y la crisis que han abierto tiene todos los visos de hacerse cada vez más profunda.
Gerardo Hernández Les, ex miembro del Consejo de Dirección y del Consejo Político de UPyD.