martes, 3 de diciembre de 2013

EN EL PIMPI CON BELTRAN LUCENA, ¡HACE YA 9 AÑOS!...

                                           




“ANTONIO BELTRÁN  LUCENA 
                                                        (“Er Zirguero”poeta del campo)  
                                                                                                                                                        
                                                   Presenta: Francisco  Baquero Luque

                                                        (Sala El Pimpi el día 13/12/04)


Dijo Francisco Baquero Luque:                                                
                                                                               
                        El protagonista central de esta velada literaria es, Antonio Beltrán Lucena, un gran señor por donde se mire,  poeta y flamencólogo, quien en el ojal de la  solapa de  su chamarreta, siempre lleva por blasón un ramito de “yerbabuena”, y como símbolo de su nacencia y crianza terruñera, suele cubrir su cabeza con  una gorrilla flamenca.
                          Personaje singular de nuestra andaluza y guadalhorzana tierra, a la que él,  con trazos poéticos  de buen tempero y sosegada siembra, canta hogaño con motivos y cadencias de antaño. Un ser humano de acusada personalidad, definido y definitorio por su musa y por su habla.
                            Decía, que el gran protagonista  de este acto es, Antonio Beltrán Lucena, y, por ello, a un servidor atañe sólo  el ritual, gratísimo,  de presentarlo, si es que tan original juglar, necesita de presentación.  ¿Quien en realidad de verdad no conoce y sabe de Antonio Beltrán Lucena, de sus cantares y decires sembrados a voleo en libros, prensa, radio, televisión, certámenes y otros foros?. No obstante, no está de más centrar brevemente un esbozo de semblanza,  con los méritos literarios y humanos de tan entrañable persona. 
                        Antonio Beltrán lleva el campo con toda su belleza dramática y multiforme, metido en el fluir de sus venas,  como no puede ser de otra manera porque en el campo vivió y trabajó siempre, y el  campo le hizo poeta, aunque del campo que, paradójicamente, empobrece,  tuvo que emigrar a la fría Europa. Él lo dice en uno de sus poemas: “En Alemania fui emigrante el año sesenta y dos”. Pero esta dura experiencia que a muchos  “encallece el corazón”,   no fue motivo para excluir del suyo la comprensión, la tolerancia y la benevolencia:

                                           “ ... Que cantando hay que seguí
                                             en guenos y malos tiempos,
                                              aunque a veces esté el sentir
                                              roto por fuera y por dentro...”

                        Estos versos de “Seguimos soñando un mundo mejor”, libro del que son todas las citas poéticas que ofrezco, demuestran  que Beltrán Lucena, como todo poeta y hombre del campo, amén de ello,  tiene mucho de filósofo.
                       Una madura reflexión de tan ásperos avatares  y sobre la gloria y  dureza de la vida del campesino, que en perra brega con la dura tierra ha de ganar el pan de cada día, es, repito,  tema de su extensa obra, que, como dice Pablo Franco Cejas,  prologuista de su citado y último libro,  “ presenta la descripción verseada de un andalucismo popular ”, pleno de “ valores esenciales de la vida y,  semillas de sentimientos que siembra en los corazones del pueblo con el arado de su verbo peculiar...”.  
                         Antonio Beltrán, al igual que las aves  canoras, tiene su “queá” (que para más propiedad llama    “Er Zirguero”),  en la Fresneda, paraje labrantío  de  Campanillas, villa ésta asentada en el triángulo de confluencia  de dos ríos históricamente emblemáticos de la Hoya de Málaga: Guadalmedina y Guadalhorce.
                          Desde esa su “quedada” ribereña, se solaza, medita y nutre su poesía  cada jornada cumplida, con los postreros candilazos del  lento morir del sol  en el horizonte, cuando ya los rumores del campo se apagan,  el viento de la tarde se echa y dormita, y, las sombras empiezan a envolver los espesos árboles del nemoroso soto del río, dejando paso a  la luna alegre y redonda sobre el fondo violeta del cielo, precedida de un cortejo de luceros tempraneros. Y en esa atalaya, con sus pupilas colmadas de paisajes dibujados por el eterno pincel, el numen de Antonio Beltrán Lucena concibe y crea su poesía, y su prosa, que es un constante, sencillo y elemental cántico a la vida, a las gentes de ayer y de hoy con sus costumbres.
                        Pero no elude, ni mucho menos, la denuncia de las injusticias sociales, como corresponde a un alma, tal la suya, en constante sintonía con el Sumo Hacedor de la Justa Armonía y del Bien:
                                            “Uníos, ni un paso atrás,
                                              No más niños muertos de hambre,
                                               Instemos a los mandamás
                                              Conviertan misiles y tanques
                                               En arados para labrar.
                                               Falta están haciendo bastantes. ”

                           Si mal no recuerdo, la obra de este trovador moderno está contenida en 15 libros que le han deparado una “jartá”, (como diría él), de importantes premios que, la brevedad de este Introito, no  permite enumerar. Su ya citado y último libro,  “Seguimos soñando un mundo mejor”  (significativo título), nos muestra líricamente toda una geografía de  usos y costumbres  de las gentes del pueblo liso y llano, del campo y de la ciudad, pero también nos ofrece el radiograma de las flores, los pétalos del rocío, la luz del alba, el “pipiár”  de los jilgueros, el reventar de la espiga,  y, el silencioso lenguaje de la toponimia en valles cerros    y altozanos guadalhorceños.
                           Quiero decir, para terminar, una vivencia mía relacionada con el libro “Soñando un mundo mejor” de Antonio Beltrán:  Yo suelo intentar dilatar mi vida interior  hacia el futuro en alas de la fe, y, prolongarla hacia el pasado actualizando recuerdos para, así, evadirme circunstancialmente de la estrecha burbuja del presente. Pues bien, ensimismado en recuerdos de un pasado que hoy se me aparece vitalmente pletórico, no ha mucho tiempo recordaba yo  cuando de zagal  ayudaba a mi padre  en las faenas camperas:   pintando trigo en el surco que abría el arado que  él seguía  aferrado  a su mancera; o, barcinando con  el carro o la carreta; o, la era y la trilla; o, compartiendo con él las faenas de maquila del molino aceitero, comunicado con la casa vivienda; o, ayudando a la madre guapa en el amasijo y cochura del pan; o, el cuido del ganado en los tinados con rumores de esquilas. Pues  bien, cuando el alma evocaba  aquellos tiempos idos, me preguntaba ¿ qué poeta cantará algún día todo esto ?. Y, que casualidad, días después, cae en mis manos, “Soñamos un mundo mejor”, y allí vi reflejados mis recuerdos en estrofas como estas:

                                                   “Aquí un carro faenero,
                                                      los avíos pa castrá,
                                                      los atavíos de un bandolero
                                                      los aperos pa trillá ”
                                                     “Aquí un molino de aceite,
                                                      el argaíjo pa amasar,
                                                      tahona, seaso, arteza,
                                                      el jozno pa cocé el pan...”

                             Y es que Antonio Beltrán, no sólo ha hecho del lenguaje popular, sencillo y atávico,  toda una construcción  literaria genuina y personal, que llega al corazón de  las gentes, sino que ponernos ante aquella sabiduría natural de nuestros abuelos, nos lleva a preguntarnos con ELIOT: “ ¿ Dónde está el conocimiento que hemos perdido con tanta información?. ¿ Donde está la sabiduría que hemos perdido con tanto conocimiento?.
                         Y yo, paro ya de contar, que para paladear despacio los saberes de este libro, está en la Papelería  Ibérica, y, su autor, en cuya tarjeta consta, “Antonio Beltrán Lucena, la amistad, un cante y una flor”, se dispone ya a platicar con  nosotros.   

                     
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